sábado, 30 de abril de 2016

Los toros, mejor vivos

Hace unos días estuve leyendo unos comentarios, sobre el mundo del toro, de un famoso presentador de este país. Muchas veces me he preguntado qué tipo de consciencia o de visión puede tener alguien para afirmar ciertas cosas, y me viene a la mente la frase: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”. Pienso que es una de las grandes verdades de la vida.

Se me hace difícil entender el orgullo que puede sentir alguien cuando le llaman “matador”. Paradójicamente, la palabra “vividor” en nuestra cultura se utiliza normalmente en tono peyorativo. Cuando, digo yo, para qué estamos aquí sino para VIVIR.

Pero a lo que vamos. Tampoco puedo comprender la tortura y el sufrimiento hasta la muerte de un animal por pura diversión No lo puedo entender porque el desconcierto, la angustia y el dolor de ese animal me golpea fuertemente en el rostro, en el alma y en cada fibra sensible que tengo en mi ser. Porque cuando le miro a los ojos veo la sinrazón de la gente, de la masa, la falta de empatía, la falta de consciencia…

Acumular orejas de un animal como premio, como muestra de valor, me resulta también bastante incomprensible. Siempre he pensado que el valor está en otras cosas, en el día a día de muchas personas, en enfrentar una enfermedad serenamente, en resolver los conflictos que cada uno lleva por dentro… Pero no es valor maltratar a un animal, ni a un niño, ni a un anciano, ni a cualquier ser vivo más débil que uno mismo. Eso no es valor, eso es cobardía.

Las corridas de toros no son una fiesta, ni son arte, ni son cultura. Como no lo eran antiguamente las luchas de gladiadores en la arena. Aunque hay quien me dirá que yo no entiendo la fiesta, y es verdad, ni la entiendo ni la quiero entender. Prefiero mil veces mi ignorancia.

Cuando leo que alguien le hace cortar incluso la cabeza a un toro espectacular para colgarla en su casa, no puedo dejar de pensar que algo funciona muy mal en el ser humano, aunque para eso solo hace falta mirar el mundo que hemos creado.

Y me horrorizan de igual modo esas fiestas arcaicas y brutales de algunos pueblos, donde se persigue y se maltrata a un toro hasta la muerte. Y me aterra mucho más cuando veo a gente joven en medio de esa locura, porque una piensa a veces que son cosas que perduran del pasado y que solo deberían “motivar” a gente de cierta edad, que ha quedado anclada en una época de barbarie e ignorancia. Pero desgraciadamente, no siempre es así.

Lo cierto es que la mediocridad y la pequeñez que nos caracteriza, nos hace sentirnos superiores a otras personas, animales o a la propia naturaleza. Demasiada gente no es merecedora del cariño de un animal, ni de la belleza que todavía conserva este planeta, aunque nos empeñemos en arrasarlo cada día más.

Lo bueno de todo esto, es que esta “fiesta” tiene los días contados, le pese a quien le pese. Y espero que en el tema de los animales, los próximos años representen una revolución (apoyada incluso por la ciencia) para que cada vez haya menos argumentos para los que todavía creen que son superiores en todo a otros seres vivos y por lo tanto tienen derecho a “usarlos” como deseen. Antiguamente se hacía lo mismo con los niños y, lamentablemente, en algunos países todavía son carne de cañón en la actualidad.

El ser humano, los animales y la naturaleza formamos parte de un todo, y el descuido o el maltrato de alguno de ellos nos impedirá crear un mundo mejor que el que tenemos en este momento.

Y mientras soñamos, hacemos y esperamos, ojalá cada vez haya más personas que comprendan que el valor está en cuidar y no en destruir. Aunque hay quien todavía no lo entiende, nos va el futuro en ello.


Beatriz Moragues - Todos los Derechos Reservados
Artículo publicado originalmente en La Otra Información




No hay comentarios:

Publicar un comentario