lunes, 9 de mayo de 2016

El oso pardo

Morador de una gran variedad de hábitats, se contabilizan entre 200.000 y 250.000 ejemplares en todo el mundo, de los cuales tan sólo unos 180 residen en nuestra península.


Características del oso pardo ibérico


El macho de oso pardo ibérico, Ursus arctos pyrenaicus, en su etapa adulta alcanza de media los 115 kilos de peso, aunque puede llegar a los 200 kg. La hembra, algo más pequeña, no supera los 90 kg. Mientras tanto, sus familiares americanos o rusos pueden llegar a los 700 kg.

Un oso erguido puede alcanzar casi los 2 metros de altura, y 1 metro apoyado en sus 4 patas. Es un animal plantígrado que emplea sus 4 patas para desplazarse, aunque puede erguirse por espacios cortos de tiempo para conseguir alimento o marcar los árboles.
De pelaje que va desde tonalidades claras amarillentas hasta el castaño o negro, su esperanza de vida en libertad se sitúa en torno a los 25 años, pudiendo llegar a los 40 en cautividad.


Su capacidad de visión es más bien escasa, siendo sus sentidos más desarrollados el oído y el olfato. Este último es el que le resulta más útil en su vida en libertad.
Aunque tiene buenas capacidades para nadar y trepar a los árboles, destaca su aptitud para la carrera, pudiendo alcanzar los 60 km/h.


El oso pardo en la Península Ibérica


Se han contabilizado ejemplares de oso pardo ibérico en el Pirineo español, andorrano y francés, así como en la Cordillera Cantábrica.
Gusta de habitar en territorios poco frecuentados, donde puede estar tranquilo. En la Cordillera Cantábrica se encuentran alrededor de los 1100-1800 m de altitud, mientras que en Pirineos se sitúan en cotas entre los 1300 y 1800 metros.
Su hábitat predilecto son los hayedos y robledales, prados y pastizales, zonas de matorral donde predomina el brezo o los arándanos, y en roquedos.


La alimentación de los osos ibéricos


La dieta del oso pardo ibérico está constituida en un 85% por alimentos de origen vegetal, siendo el resto pequeños insectos y larvas, así como carroña de otros mamíferos.
Su alimentación está condicionada por las diferentes estaciones del año y de los frutos que puede obtener del bosque. Así, mientras en primavera suele alimentarse de gramíneas, insectos y restos de ungulados muertos, en el verano los arándanos constituyen su fuente principal de alimento; siendo los frutos del bosque como bellotas, castañas, zarzamoras o madroños los que le aportarán energía durante el otoño e invierno.
Cabe señalar que los ataques de osos al ganado doméstico que pasta en los montes son circunstanciales, debido principalmente a la escasez de los alimentos que forman su dieta habitual. En los Pirineos es el ganado bovino el que ha sufrido algún ataque de osos, mientras que en la Cordillera Cantábrica son las vacas las que han experimentado estos asaltos.


La hibernación del oso


En cuevas o en oseras excavadas en el suelo situadas en zonas de difícil acceso o cobijados al abrigo de una densa vegetación, los osos preparan sus camas mediante ramas y hierbas para disfrutar de su etapa vital de hibernación.
El inicio de la hibernación está condicionado por la disponibilidad de alimento, factores meteorológicos y las propias características de cada individuo. Mientras que las osas preñadas son las primeras en entrar y las últimas en salir de su guarida invernal, los machos adultos comienzan la hibernación más tarde, siendo también los primeros en salir.
El oso se prepara para la hibernación durante el otoño, mediante la ingesta de gran cantidad de alimentos de alto valor calórico, lo cual hace que aumente su índice de materia grasa corporal.
La hibernación es un estado de letargo. Durante la misma, el ritmo cardiaco desciende hasta las 10 pulsaciones por minuto, el ritmo respiratorio baja a la mitad y la temperatura corporal desciende hasta 5 grados.
En estos meses, el oso no bebe ni se alimenta, tampoco orina ni defeca, manteniéndose sus funciones vitales gracias a las reservas de grasa obtenidas mediante su alimentación otoñal.


El oso y sus mitos


El oso pardo forma parte de la cultura popular europea. Algunas leyendas muestran la imagen protectora del oso cuidando a niños perdidos en el bosque, como es el caso de la historia: “La Infanta y la osa”.
El oso se convirtió en un animal símbolo de buenos augurios. Sus uñas eran empleadas como amuletos, su pelo podía proteger contra la ceguera y su grasa se utilizaba para curar enfermedades, fortalecer los músculos e incluso para proteger del mal de ojo.
Es la otra cara de este bello mamífero al que muchos han querido mostrar como feroz y que, desgraciadamente, se encuentra en peligro de extinción principalmente por la desaparición de su hábitat.

Beatriz Moragues - Todos los Derechos Reservados



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