jueves, 12 de mayo de 2016

Tordesillas: El Toro de la Vega

Lo primero que se piensa al ver estos espectáculos, es que son propios de gente inculta y anclada en el pasado. Pero sí, ya sé que hay gente letrada que defiende lo indefendible. Es decir, que se persiga, se torture y se mate cruelmente a un animal indefenso. De todos modos, ya se sabe, los estudios, la información, proporcionan herramientas para ser mejor persona, pero no te convierten en nada distinto de lo que en realidad eres. No te dan la consciencia, ni la sensibilidad, ni pueden hacer milagros.

El toro de la vega - Tordesillas
Los primeros datos del Toro de la Vega nos hacen retroceder hasta el siglo XV, lo inconcebible es que en pleno siglo XXI esto siga sucediendo, que haya quien lo permita y quien lo proteja.

Como es común en este país, la fiesta va unida a la religión. En esta ocasión es en honor de Nuestra Señora la Virgen de la Peña, patrona de Tordesillas.

Y como ocurre con las corridas de toros, hay quien afirma que es una lucha entre iguales, que el toro puede, en este caso, traspasar ciertos límites y ser indultado, hecho que ha ocurrido en poquísimas ocasiones.

Si el animal no tiene suerte, y después del miedo, el cansancio, la angustia y el sufrimiento que arrastra, es alanceado hasta la muerte. El “valiente” que le proporciona el lanzazo definitivo, tiene el sublime honor de extirparle los testículos y exhibirlos con orgullo. El animal vive una agonía, mientras se le remata una y otra vez, y se le mutila. La sangre saliendo a borbotones de su boca, y los espasmos musculares hasta que pierde totalmente la vida, es algo que los españoles estamos cansados de ver también en la fiesta nacional de este país.

El aguerrido personaje que ha realizado tan sórdida hazaña, tiene una recompensa por parte del ayuntamiento, que le premia con una lanza de hierro forjado y una insignia de oro.

Produce escalofríos solo ver algunas imágenes, y que haya gente capaz de llevar a cabo semejante salvajada, otros de contemplarlo, de permitirlo y de transmitirlo a sus hijos. Pero es que todavía hay quien mira a los animales y solo ve objetos de diversión, seres que están aquí para su uso y disfrute, para calmar sus frustraciones o su aburrimiento.

Miles de personas se manifestaron ayer en Madrid en contra de esta barbarie, de este linchamiento gratuito y de este acto de cobardía, disfrazado de tradición. El toro de la vega es uno de los eventos más crueles, cobardes y vergonzosos de este país. Muchas personas queremos que termine, y sabemos que es cuestión de tiempo que eso ocurra. No queremos más Vulcano, Volante, Afligido… No queremos que los niños crezcan pensando que el maltrato animal es normal, es tolerable. No queremos que se disfrace de valentía la cobardía y la crueldad.

Como ocurre en muchas ocasiones, si determinados personajes no hiciesen tanto daño, solo provocarían carcajadas, tal es el ridículo y la ignorancia que les envuelve. Ver a un tipo adulto con los testículos de un animal en la cabeza, en plan “que macho soy”, resulta cuanto menos patético. Y ver a estos individuos de Tordesillas con sus lanzas, quizá creyéndose por unas horas caballeros medievales, dispuestos a torturar hasta la muerte a un pobre toro que solo desea huir de esa locura, es vomitivo y solo puede agradar a mentes estrechas y a sensibilidades adormecidas.

El toro Fadjen y su humano
Yo también me cambio por Vulcano
El toro de la vega no es una fiesta, no es una diversión, no es respetable. No es: “si a usted no le gusta no venga a verlo”. El toro de la vega es un acto de cobardía, de crueldad, donde algunos individuos sacan sus más bajos y miserables instintos para tener un momento de gloria, para poder sentir como la adrenalina corre por sus venas. Para eso, necesitan torturar y matar a un animal indefenso. Lo que no saben, es que un solo latido del corazón de todos los Volante, Vulcano o Afligido, vale más que toda su pobre vida, carente de la sensibilidad y de la consciencia suficiente para ver más allá de sus estúpidas y brutales tradiciones.

El martes 17 será un día triste para todos aquellos que amamos a los animales, pero debería serlo también para toda la gente de bien que desea un mundo mejor.

Y termino con unas palabras de Marc Bekoff, de su libro "La vida emocional de los animales", cuando dice: "Las emociones son un don de nuestros antepasados. Nosotros las tenemos y otros animales las tienen. Jamás debemos olvidarlo".


Beatriz Moragues - Todos los Derechos Reservados


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